En la sempiterna división y polarización de la sociedad, también ha empezado la guerra entre propietarios e inquilinos. Motivo más que suficiente para que comience un siglo de fascismo o de socialismo, sin obviar una minoría anarquista que apoye la okupación como movimiento de autodefensa.
Los fascistas atizan a los más débiles y vulnerables, haciéndole el trabajo sucio a los grandes y medianos propietarios, y también, cuando llegan al poder, defienden con leyes a la élite económica y a los grandes tenedores de tierras, haciendo creer al pobre que si no progresa ni se hace propietario, es por su propia culpa.
Pero otros movimientos crean manifiestos donde se proclama que es preferible quemar la propiedad del enemigo a que la disfrute o especule con ella.

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