Deseos 2026

Estoy esperando, tranquilamente, y con mucha paciencia, que estalle el modo de vida español actual. Que explote la burbuja inmobiliaria, que caiga la industria turística por saturación y pillaje, para que el país, en las próximas décadas, se reinicie, si no acaba destruido. Un país más pequeño sin Ceuta ni Melilla, las Canarias amenazadas, intervenido y en guerra obligada contra Rusia. Un país que diversifique sus fuentes de ingresos y sus industrias. Que planifique a 20 o 30 años vista. Quizá guiado en esto por China. Un país más autoritario, apoyado por sus ciudadanos, que solo quieren progresar y vivir los privilegios de ese modelo de vida español ya finiquitado.

Quizá mis ojos no lo vean, pero deseo que España cambie de mentalidad.
No creo que volvamos a un islamismo católico como el de Felipe II, en el que no haya diferencia entre estado y religión. También hay muchos que lo anhelan, dado que este capitalismo moderno español no nos ha traído las ideas liberales masónicas y protestantes de las que sí disfrutan los países capitalistas originales.
El catolicismo siempre luchó, sobretodo antiguamente, contra esas ideas foráneas anglogermánicas y francesas. Teníamos nuestro propio capitalismo católico, al igual que los musulmanes tienen el suyo.
Más amable y menos individualista, regulado por valores religiosos. Las leyes del comercio nunca por encima de los libros sagrados o de la Iglesia. Pero hemos adoptado un sistema económico salvaje importado sin disfrutar de las bondades que sí tiene los creadores extranjeros de éste.
Perdimos la modernidad y fuimos colonizados por los vencedores del liberalismo.
Y este sistema no lo hemos sabido llenar con Dios.
Los hispanoamericanos sí, porque se han hecho evangélicos. Los pobres quieren hacerse ricos, saberse elegidos por Dios. No les basta con resignarse y rezar. Por cierto, ellos lo llaman orar.

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